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"Erotismo y poesía: el primero es una metáfora de la sexualidad, la segunda una erotización del lenguaje."

— Octavio Paz

La telaraña

 Al principio no hizo caso de su presencia. Comenzó en un pequeño rincón de la casa y fue tendiendo sus hilos lentamente. Todos los días se ocupaba de limpiarla hasta que no dejaba rastros de ella. Persiguió a la araña para matarla, pero esta se escondía astutamente sin dejarse atrapar. 

Ocupada con sus cosas, con su vida, un día se olvidó de la intrusa y estuvo un tiempo sin mirar hacia ese rincón. Hasta esa mañana en que un fino hilo se enredó en su cara. Allí estaba, se había extendido de manera alarmante. Con mucho esfuerzo le pasó la escoba a las paredes pero no lograba quitarla completamente. Los pequeños restos de telaraña que sacaba de aquí quedaban pegados más allá, con una rebeldía implacable. 

Era una lucha diaria que la dejaba agotada. Poco a poco la telaraña fue ganando terreno, cubriendo algunos muebles más allá del rincón. 
 
Por las mañanas, al despertar, tenía que luchar fuertemente para sacársela de encima y poder continuar con su vida normal. Algunos días salía con restos de telaraña en su cabello, a veces porque no se daba cuenta que los llevaba y otras porque ya no le importaba  que estuvieran allí. 
 
Con el tiempo se fue cansando y solo se dedicó a limpiar los sitios por donde tenía que pasar, dejando los rincones a merced de la araña que seguía tejiendo sin cesar y  cubría los muebles con un fino encaje y colgaba cortinas desde las lámparas. 
 
Poco a poco, fue ahogando las plantas del jardín y atrapando las aves que pasaban por allí como una gran red de pescador, hasta que todo quedó como un páramo sin vida. 
 
Los rayos del sol ya no podían traspasarla, ni el brillo de las estrellas por las noches. Solo veía tristezas y oscuridad a su alrededor. 
 
Así, la pequeña araña se convirtió en un gigante que ahogó con su telaraña todo lo que había en aquella casa y con todo ello, ahogó sus sueños, sus ilusiones, sus ganas de luchar, su alegría, su risa, su canto.... hasta que cayó derrotada por completo. 
 
Había sido un triunfo más de la gran araña llamada... Depresión.
 
De mi libro "Ocurrencias"
 
Imagen de Farenas

Hola Sandra. Gracias por

Hola Sandra. Gracias por invitarme a este espacio de amigos forjadores de sueños tejidos a pulso a fuerza de castigar al teclado con cada acento... que llega del alma.

Sabes que me encanta este relato que nos recuerda que no debemos asumir que al cerrar los ojos la depre va a mantenerse alejada de cada uno. Hay que estar atentos y siempre listos a emprender batallas para vencerla.

Bendiciones, como siempre enviadas con cariño

Imagen de jose

Sandra, me pusiste un poco

Sandra, me pusiste un poco triste. En realidad me puse triste porque me acordé cuando las telarañas me habían puesto triste, hace bastante tiempo.

Pero es así, uno se va dejando y dejando y cuando se dió cuenta está hasta las manos. Coincido con Farenas, me encanta el relato; sobretodo por la manera tan amigable (tan amena, también) de recordar que no hay que dejarse estar, en ningún sentido.

 

Imagen de Visitante Casual

sandra, vos sos la de los

sandra, vos sos la de los huevos fritos?

Imagen de Sandra Ese

 jajaja Noooooo!!! Yo no soy

 jajaja Noooooo!!! Yo no soy tan meticulosa en la cocina jajajaja

Imagen de erwin

felicidades por ese

felicidades por ese extraordinario relato, que nos hace refexionar que no debemos derrotarnos por nada y no dejar que entre en nuestras vidas la telarana de la depresion