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— Charles Dickens

Relatos

Por su extensión no llega a cuento, pero mierda que se deja leer

Esta tarde

Me doy cuenta que salgo de donde nunca había entrado,
el saludo amable que llama a la nostalgia del reencuentro que no se dará nunca
me abre los ojos junto con la sensación de una relación fugaz de confianza
Tácita.
 
La nostalgia y la sensación se confirman y se unifican cuando en una esquina
buscando sin saber me encuentro el cairo, y al nombrarlo, su melodía me llena de
barrio.  Barrio de historias ajenas comunes desde la ingenuidad, los primeros pasos y la simpleza
de una ciudad que se mueve despacio con la cadencia del cruce de una juventud que se
va y otra que llega.
Así, la caminata comienza haciéndose silenciosa y cálida a medida

La bohemia rosa ethel

La bohemia rosa ethel

Su imagen me llega desde la infancia acercándose en una alfombra voladora
llena de cuentos a capella para ir a dormir. Horas de sueños, de mate y
cigarrillos,
de charlas interminables e irracionales,

Quizás descubrió que vivir en la
razón es aburrido
ella cuando puede se escapa y si estas dispuesto te lleva a
recorrer su mundo de poesías y recuerdos.

Recuerdos que siempre tiene a mano para arrancarte una sonrisa
para conversar y acompañarte.

Poesías nacidas de sus noches, noches que transcurren insomnes y
meditabundas.
Nunca sabremos cuando empiezan ni cuando o porque decide terminarlas.

Por la noche

Me gusta salir a caminar por la noche, porque es cuando más claro tengo los pensamientos.

No se si será el viento gélido que pega en mi frente, que quizás me enfría la sangre y me coloca en estado de trance. Pero por la noche, cuando camino las calles desoladas, los pensamientos me fluyen impulsivamente. Y a la misma velocidad que surjen, se ordenan, dándome una euforia mental incalculable.

Por la noche, cuando erguido camino enfrentando a la niebla, es cuando mejor pienso. Todo, como una orquesta, se ordena en mi cabeza. Y es en el único momento que yo llevo la batuta.

Uno de los buenos

Una mañana, una cualquiera, sólo en mi cama. Nadie al lado otra vez. Siempre me duermo con la esperanza de que ella esté al despertar. Que se haya arrastrado entre las sombras hasta aquí, ¿desde dónde?, no lo sé. Hace ya una semana que se fue, otra vez. No meto a nadie en su cama, nadie extraño, es lo único que respeto. Me valen camas ajenas.

La misma resaca de siempre y las mismas ganas de verano. Ayer no fueron ni 5 las páginas que se salvaron de la papelera. Greenpeace acabará denunciándome.

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