Poemas
Mal Trago
Enviado por jose el Vie, 10/04/2009 - 02:44.Me tomé el atrevimiento
de pensar tu nombre;
la puta,
no recuerdo ni tus iniciales.
¿eras morena?
¿ojos café, sonrisa perfecta?
No recuerdo si te gustaba que te leyera las rimas de Bequer
o un cuento de Borges.
¿despreciabas el cigarrillo y eras abstemia
o tenías una clara predisposición por las drogas?
De algo estoy seguro
nos amábamos a cuenta gotas.
Creo que te inventé una tarde de lluvia,
mientras un pájaro se refugiaba detrás del postigo de mi ventana mal cerrada.
Caminabas descalza,
pisando con ganas cada baldoza suelta de mi corazón.
Tómame
Enviado por Farenas el Jue, 26/03/2009 - 21:21.
tómame ahora que estoy valiente
tómame ahora para velarte
tómame… no digas lo que sientes.
búscame en tus noches solitarias.
No dejar cerrar tus ojos es fortuna,
Quiero que me pienses sin nostalgias.
Quiero acompañarte al nacer el día.
En tus descansos te estaré esperando,
me extrañarás, lo sé, en la lejanía.
Quiero que me disfrutes, que me sientas,
quiero pasar por tu boca, por tu lengua,
hasta perderme muy dentro tuyo.
conocerás sensaciones nuevas, cada vez.
Déjate llevar, tus sentidos corren.
Subirte a las estrellas… dejarte caer...
Hola! Un poema de mi libro "La Ruta de los Dinosaurios"
Enviado por geoclau el Dom, 15/03/2009 - 23:36.El cielo en el mar
Un capricho cartaginés, quizás,
O un presente griego.
Aureo eslabón, que clava su zarpa
Venenosa, un arreglo de esmeraldas,
Una parrafada de estrellas.
Así el cielo peliblanco, untuoso,
Pequeña paloma en la vastedad del mar,
Vergel de ondinas, imperturbable dios,
Escobazo de cometas, clarín de bronce,
Ríe con ganas en los atardeceres,
Hasta agotar su luz, hasta extinguirla.
Claudia Viviana Parreño
Un poema de mi libro "La Ruta de los Dinosaurios"
Enviado por geoclau el Dom, 15/03/2009 - 23:32.
Instantánea
Enviado por jose el Dom, 22/02/2009 - 01:36.Hacía mucho tiempo que no me acostaba sobre el pasto a mirar el cielo.
Ahí, acostado, viendo pasar las nubes.
Con las estrellas titilando,
vaya a saber uno donde.
Acostado, buscándole la forma al viento,
con el cuerpo de la siemesa calentándome el vientre.
De brazos abiertos,
sientiendo el humo entre los dientes.
Ahí, acostado y superado por el firmamento,
antes de cerrar los ojos,
justo antes,
de entregarme a la suerte de mis pensamientos,
en el instante mismo que mis párpados cedían,
ahí,
fue cuando me puse a pensar en vos.
¿Adonde te me has ido, mi venus terrestre?
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