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"Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído"

— Jorge Luis Borges

EL RELATO

 

 
-         Les contare decía en circulo de amigas, 
-         Algunos secretitos que he guardado. Soy la menor de mis seis hermanas y desde
mi nacimiento me han tratado muy bien, no me ha faltado nada, siempre soy la preferida y no es vanidad, creo que soy la más bonita. Todas la escuchaban con sumo placer...
 
- En realidad, a pesar de mi corta edad no soy una mansa palomita, tengo también mis deseos como todas, mas cuando el se acerca, al principio le tuve miedo, era demasiado viejo para mí, yo una niña aun, pero conforme paso el tiempo me fui acostumbrando a sus caricias y a sus besos, cada vez que lo desea; En la mañana, en la noche, hasta en la madrugada, en fin podíamos decir que era un viejo besador.
Todas rieron de buena gana...
 
- Ese fue el principio de una gran relación entre el y yo. Llego al extremo de quererme bañar el solito, por supuesto que no se lo permitieron. Él dijo que solo quería verme limpia. No muy le creyeron porque era tremendo, se había casado no se cuantas veces y divorciado otras tantas, tenia hijos regados por doquier, en fin era un Don Juan, según decían, a mi no me lo crean. 
Lo cierto es que yo quería que el algún día me bañara, sus manos eran suaves y tersas.
Y lo que uno pide con todo su corazón se cumple. Se me dio que me bañara.
 
Las amigas pelaban los ojos de curiosidad y de morbo, pero calladas nadie preguntaba nada, para no estropear el hilo del relato.
- Por fin, sentí sus manos mojar mi cuerpecito, me acaricio suavemente y metió sus manos por toda mi intimidad y allí estaba yo, gozando de tan extraño y placentero momento, fue la primera vez que un hombre hizo lo que quiso conmigo.
 Me seco con una toalla sutilmente y no podía creer la satisfacción que sentí al estar limpia y cerca de él.
 
Las demás se frotaban unas a otras de la nerviosidad, pero en silencio.
Y a partir de allí a cualquier hora me baña, me acaricia, me besa y soy tan feliz que no me importa lo que pase...
 
Se escucharon pasos. Llegaba por ella....
-¡Las dejo chicas, llegó el que me hace feliz!! dijo sonriendo...
Las otras miraban con la boca abierta, incrédulas, la felicidad de aquella pequeña taza de café.