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"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo."

— Oscar Wilde

blog de Gretel

A través

surcos con forma de paisajes
hilitos
ramitas
va dejando el mar
su sal
cuando pasa 
allá

Quien danza en la piedra filosofal

dibujo en tinta china - pablo guastavino

La mujer sentada en la piedra pensó que nunca había sentido sus pies, tenía dos pies que estaban desnudos y palpaban la piedra, la reconocían sólo había atendido al invierno todo concentrado en las baldosas, en sus plantas adormecidas.
La mujer en la piedra supo que sus pies habían despertado y no tenían frio se acariciaban el uno al otro
aferraban la piedra con los dedos, se impulsaban y su cabeza se elevaba.

Somos monos

Solo ocupamos un segundo en años de mundo, de universo, de sociedades.
Y sin embargo cada existencia es única e irrepetible.
Cuando un hombre o una mujer se mueren, nadie puede saber como funcionaban sus pensamientos, su cuerpo, cómo veían sus ojos, que relaciones hacia entre las cosas, que se imaginaba cuando decía la palabra árbol.
Es tan poco lo que dura una mujer o un hombre que jamás va a alcanzar a dilucidar los procesos sociales y culturales que marcaron su vida.
Pero las culturas se encargan de convertir al segundo en una eternidad absoluta. Una perpetuidad de cartulina.
La creencia en la verdad y totalidad de las cosas es la gran debilidad humana.

Rutina

A las siete menos veinte de la tarde todos los lados izquierdos de los cubos con ventanas donde vive la gente se encienden con una luz anaranjada, como si tuvieran una gran llama de vela vista a través de un papel blanco, amarillo, rojo cemento.

Como si traslucieran el fuego de la gente que vive en los cubos.

A las siete menos veinte las campanas suenan asustando a las palomas.

Una zapatilla colgada de los cables tiene fuego en la suela

Fuego en la pared del vecino, formas incandecentes interrumpidas por la sombra de los camisones de la vieja.

La vieja grita ¡se quema la carne pelotuda!

Siempre la misma pelotuda

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