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"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo."

— Oscar Wilde

Naranjo escolar

"dios guarde a los muchachos tristes de las mujeres hermosas"
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La situación le pareció similar, repetida. Una extraña sensación le decía que algo inusual había en la disposición que la realidad tomaba. Miró a su lado y junto a él estaba ella, aquel amor que se perdió entre los pasillos de la escuela secundaria.
Sonrió, y ella contestó con otra sonrisa.

Arjona y su recurrente recurso poetico

arjona para de robar

Arjona encontró una veta y no se cansa de explotarla. Recurrentemente, cada hit del cantaautor ¿guatemlateco? se estructura siguiendo el mismo principio: relacionar dos conceptos que, en principio, se contradicen. Así, forma un recurso poético que luce por su falta de elaboración. Ya no es una metáfora, ni una parábola; sino simplemente dos conceptos que se contradicen.

El problema no es el recurso en sí -o tal vez si-, sino el uso indiscriminado y repetitivo de la fórmula del éxito. No está en este texto la intención de destruir a Arjona como poeta, más bien evidenciar como repite y repite el mismo proceso creativo, alternando las palabras, pero buscando el mismo resultado.

Francisco Bochaton: historia y una letra

Hablar del amor con tanta pureza como lo hace Francisco Bochaton, animarse a decir:

“... Mi hijo es un lugar enorme y yo le miento.
Mi hijo es un lugar enorme y llora lento…”

Somos monos

Solo ocupamos un segundo en años de mundo, de universo, de sociedades.
Y sin embargo cada existencia es única e irrepetible.
Cuando un hombre o una mujer se mueren, nadie puede saber como funcionaban sus pensamientos, su cuerpo, cómo veían sus ojos, que relaciones hacia entre las cosas, que se imaginaba cuando decía la palabra árbol.
Es tan poco lo que dura una mujer o un hombre que jamás va a alcanzar a dilucidar los procesos sociales y culturales que marcaron su vida.
Pero las culturas se encargan de convertir al segundo en una eternidad absoluta. Una perpetuidad de cartulina.
La creencia en la verdad y totalidad de las cosas es la gran debilidad humana.

Descensor

Lo primero y único que me dijo es que tenía un hijo. Es extraño comprobar como en las situaciones extremas, esos momentos en que se es plenamente conciente de la fragilidad de la vida, uno piensa en lo más importante.

Ella pensó en su hijo y lo expresó. En cambio, yo la imaginé a ella sin sus tacos de aguja negra, sin sus jeans gastados, sin la ridícula blusa blanca, sin maquillaje, sin aros, y no se lo dije, al menos con palabras.

El ascensor cayó unos pisos y se detuvo, en ese preciso instante me hablo de su hijo. Al caer, una fracción de segundos antes del impacto, me abrazó.

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